25 julio, 2016

Reírse de si mismo

.…...…….¡Riámonos con los santos!

Para fruncir el entrecejo hay que mover 64 músculos de la cara; para sonreír sólo trece. Así pues la alegría es preferible a la tristeza porque representa una economía de trabajo. Así que ¡riámonos! ….

Además León Bloy decía que sólo hay una tristeza: no ser santos.

El humor es la atmósfera indispensable para que se den las virtudes,  el signo inequívoco de madurez,  la forma más realista de enfrentarse a la vida.

 Hablar de verdadero sentido del humor, o de un humor propiamente cristiano, es hablar de virtudes. Es la virtud que consiste en saber utilizar la distensión necesaria y saber jugar y reír. En una óptica específicamente cristiana, el humorismo sano asume las características de una virtud que también es don del Espíritu Santo

1. Al santo cura de Ars le asediaban las personas en el confesonario. Tambien entre ellas existían algunas almas pesadas que le contaban por enésima vez la historia de su vida, que sin duda, no ofrecía el interés de la historia de un alma…

El santo le dice a una de ellas:

“Hija mía, ¿cuál es el mes del año en que habla ud menos?…….Debe ser en febrero”,- replicó el santo, atenuando con una amable sonrisa lo punzante del chiste, por eso de que tiene 28 días

Si el sano humorismo es definible como «la capacidad de reírse de las cosas que se aman, incluidos naturalmente nosotros mismos, y seguirlas amando, el camino del humor en la vida espiritual estimula particularmente el diálogo del creyente consigo mismo y con Dios».

2. “¡No es más que esto el Cura de Ars!” -Dijo una parisiense al verle tan poco semejante a la imagen que ella se había forjado.

-“Sí señora, -replicó el humilde sacerdote con una sencilla sonrisa.- No le ha sucedido a ud lo que a la reina de Saba cuando fue  a ver a Salomón: ella quedó maravillada por exceso y ud por defecto.

3. Era poco después de inventarse la fotografía. Algunas religiosas de Roma se apresuraron a comprar la foto de Pio Nono. La confiaron a un monseñor que rogó al pontífice que pusiera su firma al pie de la imagen. Al verla, el papa dijo que nada se podía escribir sobre aquella caricatura, pero recapacitando escribió:

– No tengáis miedo, soy Yo.

En los santos se nota perfectamente cómo su profunda libertad de espíritu es compatible con un profundo sentido del humor, que no sólo es simpatía humana, buen carácter o facilidad para ser gracioso, sino comprensión de lo tremendamente relativo que es todo fuera del Único inefable que es Dios y que no cabe en cálculos humanos.

4. Durante el Sínodo de obispos de Roma, el cardenal de Cracovia, después Juan Pablo II, propuso a varios cardenales ir a esquiar al Terminillo.
– ¿A esquiar?
—Sí, claro. En Italia, ¿no esquían los cardenales?
—Pues… francamente, no.
—En Polonia, en cambio, el 40% de los cardenales esquían.
—¿40%? Si en Polonia solo hay dos cardenales.
—Claro, pero no me negarán que Wyszynski vale por lo menos el 60%.

“Cuando se tiene sentido del humor se domina la vida y se pueden superar las adversidades. Por el contrario, cuando no se tiene sentido del humor, uno se vuelve suspicaz, hipersensible, pendiente de los comentarios de la otra persona, siempre al acecho”

5. Se cuenta que, hace ya bastantes años, el Papa Juan Pablo II estaba orando ante el sagrario cuando fue interrumpido por su secretario. Lo llamaba por teléfono el Presidente de «un importante país» (se deduce que era George Bush). El Papa no contestó. Siguió orando como si no lo hubiera oído. Una hora más tarde el Presidente norteamericano volvió a llamar y el secretario acudió de nuevo a la capilla, pero esta vez advirtiendo al Papa que debía tratarse de una cuestión muy importante.

«Entonces, si se trata de algo muy importante, debo rezar más», respondió Juan Pablo II.

Saber trascender todo lo que no es Dios viviéndolo en Dios es saber conjugar libertad de espíritu, humildad y humorismo, y saber subrayar siempre lo positivo de todo lo que pasa. 

6. Estando Juan XXIII, de Nuncio en Paris, encontróse con el Rabino principal de Francia, también fornido, ante la puerta de un ascensor estrecho, en el que imposible cupiesen ambas humanidades.—“Despues de usted”-le dijo cortésmente el Rabino.
-“De ninguna manera -le contestó el Nuncio Roncalli- ¡Por favor, usted el primero!”.
Siguió el forcejeo de cortesías, hasta que lo resolvió Roncalli, con la mejor de sus sonrisas:
-“Es necesario que suba usted antes que yo, ya que siempre va delante el Antiguo Testamento, y sólo después, el Nuevo Testamento”
El resultado del sentido del humor es la sonrisa, y su hermana mayor, la risa. Reír es un verbo; lo importante aquí está en analizar el complemento directo, es decir, de qué se ríe uno, o de quién se ríe uno.
7. En 1843, el santo cura cayó gravemente enfermo. El médico diagnosticó pleuropulmonia.

Fueron llamados a consulta otros tres médicos. De pronto se escucha la débil voz del abate Vianney: “en este momento estoy sosteniendo un gran combate.”
-¿contra quién Sr cura?
– Contra cuatro médicos. Si viene el quinto, soy muerto.

Entre los santos, la virtud del humor alcanzó tal grado de heroísmo que relucía, incluso, en momentos de gran sufrimiento o de la muerte.

8. Santo Tomás Moro murió decapitado. Antes de subir al cadalso, se le acercó su hijo que, llorando, le pidió la bendición. El momento era muy dramático. Tomás Moro le dijo entonces al oficial que dirigía la ejecución, y que también tenía una actitud sumamente seria: “¿Puede ayudarme a subir?, porque para bajar, ya sabré valérmelas por mí mismo”. Era una actitud llena de humor ante su muerte.
Lo hizo así este hombre que, con frecuencia, para tener un sentido cristiano del humor, rezaba: “Señor, ten a bien darme un alma que desconozca el aburrimiento, que desconozca las murmuraciones, los suspiros y las lamentaciones; y no permitas que me preocupe demasiado en torno de ese algo que impera, y que se llama yo…Obséquiame con el sentido del humor. Concédeme la gracia de entender las bromas, para que pueda conocer algo de felicidad, y sea capaz de donársela a otros. Amén”.
No parece, desde luego, que esté el mundo para muchas risas, empezando por nuestra propia situación nacional. Y, sin embargo, nada hay más eficaz  que el buen humor para expresar la plenitud de la alegría verdadera, que, si es tal, nada ni nadie, ni siquiera todos los males del mundo juntos, puede arrebatarnos. No era ningún tonto quien escribió que «amor se escribe con “h” de humor».
9. Cierto corpulento personaje, muy dado a la buena mesa, declara al párroco Vianney, que cuenta   con él para que le conduzca al cielo.“Espero, señor párroco, que no olvidará a sus amigos y les dará parte de su mérito por sus ayunos y penitencias. Cuando vaya al cielo me agarraré a su sotana.”El santo lanza una mirada a la enorme redondez de su intelocutor y responde:” No lo haga, la entrada del cielo es estrecha y nos quedaríamos los dos en la puerta”

10. Cierto humorismo ha preconizado la creación de escuelas del aburrimiento, con el fin de preparar a los niños al arte de aburrirse en sociedad sin dar señales de ello.
Cuánto mejor sería invitarles a frecuentar la vida de los santos, esta ideal Escuela del Reír, en la que podían avituallarse, para los días de prueba, de buen humor y fresca esperanza. La risa de los santos les abriría de par en par las puertas de la alegría.
El Padre Pío estaba celebrando una boda. En el momento culminante del acto el novio, muy emocionado, no atinaba a pronunciar el “sí” del rito.

El Padre esperó un poco, procurando ayudarlo con una sonrisa, pero viendo que era en vano todo intento, exclamó con fuerza: “¡¿En fin, quieres decir este “sí” o esperas que me case yo con ella?!”

Santa teresa, la gran mística, siente horror por la pastosa monotonía de las horas de recreo monacal, y les reprende: “Hijas mías, ya hay bastantes bobas por naturaleza. No tratéis de serlo por la santidad. Que cada una muestre lo que tiene para regocijar a las otras”


 No al gregarismo              La asignatura más importante                   Serás un hombre